A mis grandes presencias y profundas ausencias
A mis grandes presencias y a mis profundas ausencias:
A vosotros, pilares y cimientos de cincuenta y un ciclos, ofrezco hoy no el verso, sino el núcleo de mi gratitud.
A quienes fueron el Aquí y el Ahora constante, la voluntad inquebrantable de sostenerse cerca:
Gracias por la luz que fue el Faro en la noche, por el Ancla que resistió el oleaje incierto.
Por la Fuerza con que el carácter fue tallado, golpe a golpe de paciencia, hasta darle forma y resistencia a la arcilla que fui.
Por enseñarme que el lazo elegido es de Acero Forjado, superior a la efímera casualidad de la sangre, honrando el don de la libre elección.
Y a vosotros, Ausencias que marcasteis el vacío y la silueta de lo que no pudo ser:
Gracias por la Sutileza con que el alma fue cincelada, pues vuestro hueco enseñó el valor de lo que se pierde.
Por ser el Punto Ciego que obligó a mi espíritu a buscar nuevas luces y a erigir mis propios puentes.
Vuestro espacio en blanco grabó la pregunta esencial, esa brújula moral que define la existencia: "¿Tú importas?" —cuestionamiento que me obliga, cada día, a honrar la vida que me fue concedida.
Ambos, Presencia y Vacío, sois la Geografía Completa de mi alma. Sois el cincel que forma, y el aire que permite respirar. En cada latido, resuena la lección: que la verdadera presencia se mide en la constancia del amor, y que la ausencia es a menudo el maestro más exigente de la propia valía.
Con todo mi ser, Gracias a todos Uds por hacer quién soy como consecuencia de sus presencias o ausencias.
🔱 Oda a la voluntad del lazo
¡Oh, Presencia, llama que no tiembla, ¡faro clavado en el exacto instante! Tú habitas siempre el Aquí, sin asamblea, y haces del Hoy un mapa constante. No conoces excusas, ni la sombra de un mañana que borre lo vivido; eres la realidad que el alma nombra, el eco fiel del ser enardecido.
Tú invalidas el almanaque frágil, el compás que divide el mediodía. Tu ley no sigue el movimiento ágil de la Tierra, ni su melancolía. Eres, simplemente, la necesidad que trasciende la grieta del momento; la luz que anula toda oscuridad, el sólido pilar del pensamiento.
Que caigan, pues, las torres de la milla, que se disuelva el huso y el reloj, que el mar se abra o que el monte se humilla; tu voluntad no atiende al escanciador. Tú eres el lazo que la carne ignora, la cuerda tensa que el azar no ata; el puente erigido en la peor de las horas, la constancia que el destino acata.
No hay lejanía capaz de enmudecer el pulso firme de esta decisión. No es magia, sino el acto de querer que derrota el silencio y la evasión. ¡Oh, Voluntad! Tú eres la geografía que inventa el punto exacto de la unión, el sí perpetuo, la filosofía de la entrega sin tregua ni rendición.
¡Más fuerte, oh, sí, más fuerte que el dictado de la casualidad que llamamos sangre! El vaso de lo innato ha sido superado por el acero que el espíritu labra y expande. La matriz es destino; más el Lazo es la elección diaria, la presencia pura, que no acepta el descuido ni el ocaso, ni se alimenta de vana coyuntura.
Alabo tu firmeza, el stare et stare (el estar y el permanecer) que tú propones; pues tu aquí es un templo, un bello altar donde se olvidan los viejos cánones. Eres el compromiso que se irradia, la conexión que nadie nos impone. Eres la libertad que se obsequia y se irradia, por eso tu significado se compone.



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